Opinión


20/01/21

Enrique Álvarez

  1. Esperando a Kamala

    Se diría que el mundo respira aliviado. En efecto, en medio de tantas tribulaciones como nos afligen, al menos una de ellas ha llegado a su fin. El presidente Donald Trump, ese tipo tan grosero e ignorante, tan follón y megalómano, cesa como máximo dirigente del país más poderoso del mundo, y parece que se nos abre una etapa de menor peligro para la paz y la democracia mundial y de mayor respeto a los derechos humanos.

    Quien le sucede, Joe Biden, podría ser considerado su polo opuesto. Un político maduro, moderado, tolerante, probado en la adversidad, un demócrata verdadero, y, para colmo, bien arropado en la vicepresidencia por una señora, Kamala Harris, que, como feminista y negra, rendirá culto y defenderá con uñas y dientes la igualdad en todo y sobre todas las cosas.

    El panorama podría ser halagüeño para quienes creemos en la necesidad de que la humildad y la cordura florezcan entre los líderes políticos, sobre todo en aquellos lugares donde la división ciudadana alcanza niveles mayúsculos, como es el caso precisamente de Estados Unidos, pero ocurre que las cosas no son lo que parecen. Ocurre que lo que hay detrás del tándem Biden-Kamala se transparenta demasiado bien como para que podamos estar tranquilos.

    Decir que Joe Biden va a ser una figura decorativa en la presidencia norteamericana no creo que sea un tópico, un estereotipo fabricado por los medios. No, es evidente que Biden va a ser como un rey constitucional con poderes limitados. Que el verdadero liderazgo del país lo va a asumir en seguida la Sra. Harris lo saben –permítanme la expresión– hasta los negros. Y ¿qué van a hacer, por dónde van a tirar la Sra. Harris y el Partido Demócrata en el gobierno? No es muy difícil la respuesta: su labor consistirá en la edición corregida y aumentada de la era Obama. Es decir, globalismo. Más y mejor globalismo.

    ¿Qué es el globalismo? Que toda o la mayor parte de la humanidad piense igual. ¿Qué es el globalismo? Que toda o la mayor parte de los humanos compremos lo que un puñado de empresas del globo guste de vendernos. ¿Qué es el globalismo? Que todos los humanos y todos los países hablemos de las mismas cosas, que aprobemos las mismas cosas, que prohibamos las mismas cosas, que leamos los mismos libros, que veamos el mismo cine. ¿Qué es el globalismo? Que traguemos lo que nos echen, que seamos libres para nada, es decir, que no podamos hacer nada serio con nuestra libertad, que la única libertad real que gocemos sea la de no tener cargas familiares. ¿Qué es el globalismo? Es el nuevo orden mundial. ¿Y qué es el nuevo orden mundial? Que disminuya a toda costa la población del mundo. Y para ello deben desaparecer o deconstruirse las familias. La empresa ya está muy adelantada.

    Una amplia mayoría de los políticos que triunfan en el mundo se sitúan en esta línea, ya representen a partidos progresistas o a partidos conservadores. Es verdad que la tiranía del globalismo (que tiranía es, aunque invisible para muchos) ha empezado a sublevar a algunos, pero las reacciones que van surgiendo contra él no auguran nada bueno. Aunque algunos políticos antiglobalistas todavía ganan elecciones en sus países, su futuro es poco prometedor. Son tachados de populistas o neofascistas. Utilizan un discurso emocional, simplista y arrogante. Dicen verdades como puños, pero inevitablemente también acaban diciendo mentiras como pianos. Necesitan hacer ruido para tener éxito, pero ese mismo ruido acaba por perderlos.

    Donald Trump ha sido el gran dechado de todos ellos. Debe reconocerse que Donald Trump tenía madera de héroe. Su arrojo para enfrentarse al sistema globalista, al imperio de las redes sociales y de los sujetos de Sillicon Valley que mueven los hilos, su coraje para defender el individualismo y la verdadera libertad de las personas, le hubieran merecido mejor fortuna. Sus defectos lo han hundido; su soberbia, su fatuidad, su inclinación a la mentira, han acabado con él.

    Si uno fuera maniqueo, diría que el dios malo que dirige este mundo está especialmente empeñado en que no surja en ninguna parte un líder antiglobalista sin defectos ni puntos débiles. Y diría también que a este dios malo y perverso le gusta tanto el globalismo que nos ha enviado una epidemia global, esta gran pandemia que nos iguala a todos...

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