Opinión


15/05/19

Javier Domenech

  1. Su Excelencia, Raúl Romeva

    Romeva, nacido en Madrid, es el hombre apuesto que sabe idiomas, vinculado a los movimientos ecológicos de los Verdes y de Greenpeace, al que se le encargó promover en el mundo la imagen de una nueva nación independiente del territorio español, labor a la que se dedicó con entusiasmo. El fomentó las once embajadas de Cataluña a través de Diplocat, destinando 27 millones de euros del presupuesto de España para difundir el independentismo. Pero, aparte  de su sueldo como Consejero, según el Tribunal de Cuentas, gastó casi 80.000 euros de vellón en un viaje de solo dos días para hablar ante el parlamento irlandés y dar una conferencia sobre el planeado referéndum de independencia. Y también como representante de una futura Cataluña independiente, buscó encuentros con los grupos ultra de Finlandia, Estonia y Valonia, recibió un portazo del presidente de la Comisión Europea y logró ser entrevistado en la BBC, donde le sacaron los colores, al ser preguntado porqué no reclamaba el Rosellón y el reino de Sicilia o el de Nápoles, también vinculadas como Cataluña a la antigua Corona de Aragón.

    Romeva ignora o no recuerda lo que no le interesa. La ansiada independencia se había intentado en la época de la Republica, y el gobierno de Azaña les envió a prisión. Antes, en el siglo XVII, se enfrentaron al rey Felipe IV y al Conde Duque de Olivares, y Francia ocupó el territorio catalán. No solo lo lograron la independencia sino que a los pocos años se sublevaron esta vez contra los franceses, pidiendo su reincorporación a España.

    El frustrado embajador, ignora la historia pero tiene una gran pasión por el submarinismo y una visión del mundo diferente a la del resto de los mortales. Quizás por ello contrató a una serie de “expertos” como testigos de lo que sucedería el día del Referéndum. La presencia de estos personajes, pretendía dar apariencia de normalidad al nacimiento de una nueva nación en Europa. Acostumbrado a conocer el mundo bajo el agua, la violencia  ocurrida esos días fue solo la ejercida por las fuerzas de Seguridad del Estado, que no tuvieron “el comportamiento de una policía democrática, frente a una determinación cívica y una actuación jamás violenta ”. A pesar de ello, según su excelencia, se provocaron más de mil victimas civiles por la agresión policial. Algo parecido imagino que debió deducir en sus años de observador en los Balcanes, aunque no se conoce que dijera  nada cuando era responsable del programa educativo y de Cultura de la Paz de la Unesco en Bosnia y otros países de la desaparecida Yugoslavia,  extraño cometido en un lugar las matanzas eran más importantes que los fines de la Unesco. No parece que le afectaran lo más mínimo las consecuencia que tuvieron lugar porque unos se sintiesen diferentes a los demás.

    Ahora, frente a quienes le juzgan, afirma que lamenta que quienes tenían que hacer política pasaran la responsabilidad a los tribunales. En esto tiene toda la razón: Si el Estado hubiese empleado, desde hace años, toda la fuerza que la legitima la Constitución no hubiésemos llegado a la situación actual.

    Al final, no pudo o no quiso huir para continuar su labor en el exilio. Pero insólitamente, ha conseguido desde prisión, un acta de Senador, y de seguro que dedicará grandes esfuerzos en resolver los problemas de los catalanes, igual que hacía en su continuo peregrinar por otros países, buscando semejanzas en Eslovaquia, Valonia, Eslovenia Quebec o donde sea. Porque de eso se trata, de ser independientes y ministrísimo de exteriores en una ínsula de Barataria.

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