Opinión


20/07/17

Iván Guerrero

  1. La familia

    Se está destruyendo la familia y la vida familiar a golpe de martillo. 

    Por un lado está la ''paranoia feminista'', como yo la llamo. Ciertas mujeres manipuladas, engañadas con ello por supuesto, creen haber avanzado en sus derechos, cuando desgraciadamente es todo lo contrario viendo sus actuaciones. 

    La labor de una mujer dentro de la familia es, ha sido y será siempre, tan importante o más incluso que la de un hombre. 

    Decían de una supuesta ''tiranía masculina'' y ahora muchas de ellas, estafadas por medio de asociaciones sin escrúpulos, se han convertido en verdaderas tiranas con los hombres, utilizando como arma contra ellos leyes verdaderamente absurdas y retrógradas. Irónico.

    La verdad es que muchas de esas mujeres utilizan eso del machismo, para no dar apenas golpe y vivir del cuento. ''Mujeres liberadas'' se denominan ellas mismas. Perdónalas señor pues no saben lo que dicen...

    Luego están las actitudes antinaturales. Como por ejemplo, los matrimonios entre maricas y los matrimonios entre lesbianas, adopción de hijos por parte de esas personas, abortos aberrantes, vientres de alquiler, mujeres u hombres que pueden tener hijos sin necesidad ya de tener una pareja e incluso poder elegir los rasgos físicos y el color del cabello del niño, pero, ¿nos hemos vuelto locos?.

    Cada uno es libre de hacer con su vida lo que quiera, pero debemos ser conscientes de vivir dentro de una nación y un mundo regido por unas reglas básicas naturales, inamovibles por razones obvias, como es la sabia ley natural o divina, a la cual debemos servir, para que haya una cierta disciplina y entre todos poder mantener un mundo ordenado, equilibrado, y no acabar siendo este planeta una verdadera ''cueva de locos''.

    No seamos tan ingenuos, a ciertos poderes, como siempre, les interesa crear esa ''cueva de locos'', pues, como dice el dicho, ''a río revuelto ganancia de pescadores''.  

    La familia, por si todavía no se han dado cuenta algunos, es la ''viga maestra'' de una nación y de la vida humana en general. Y, precisamente por eso, último obstáculo para los planes diabólicos de ciertos poderes financieros.

    Como nos carguemos la familia, el edificio acabará por derrumbarse del todo, costando sangre, sudor y lágrimas volverlo a levantar de nuevo.

    El que avisa no es traidor.