Opinión


12/03/26

Enrique Álvarez

  1. El diabólico Sr. Trump

    La escena transcurre en una tranquila cafetería de Santander, en un área residencial. Advierto que es hecho real, no producto de mi imaginación. Once menos cuarto de la mañana. Pequeño grupo de tertulianos toman su café y conversan sobre la actualidad política. Son gente ilustrada, algún catedrático de universidad, gente de “pensamiento crítico”. Hablan con elegancia y sosiego. Por supuesto, son jubilados. Conversan sobre Trump y la guerra de Irán. Se les nota mucho regocijo. Por fin ha quedado patente que Trump es una mala bestia, como ellos dijeron desde el principio. Pero eso no es lo mejor; ni siquiera es lo mejor, con ser bueno, que Trump haya dejado en ridículo a Meloni, su gran valedora en Europa, a quien ni siquiera avisó del golpe que iba a dar en Irán. Tampoco es lo mejor haber humillado al canciller Merz, que se postra ante él, ni haber humillado a toda la Europa reaccionaria que confiaba en Trump para una restauración de los viejos valores. Lo mejor es que Sánchez, nuestro gran presidente, ha quedado, ahora sí, como un héroe, el único héroe de Europa. Y la izquierda gana. 

    Reflexiono sobre estos jubilados, tan burgueses y tan críticos. Están felices porque la derecha, gracias a Trump, no va a ganar las elecciones en España. Es decir, la derecha va a perder el poder del Estado antes de haberlo alcanzado. Es estupendo, qué bien les ha venido Míster Trump. No les importa que Sánchez se eternice en La Moncloa. No les importa que esté vendiendo España por rodajas. No les importa que la juventud de este país no tenga más futuro que un colectivismo sin salida. Les importa un pito que el formar una familia sea ya cosa imposible. Les importa un rábano que la agricultura en España sea pronto cosa del pasado. ¿El pasado? ¿Les importa algo a estos señores que el pasado, nuestra historia, sea cosa legislada e intervenida, que sólo se conserve la memoria y el relato de cuanto a ellos les convenga?  

    Estos tertulianos felices no se plantean tales goyerías. Quizá es que son mayores y no lo van a ver y, aunque tengan hijos y nietos, no se inquietan por ellos, aunque temo que la cosa va a ir tan rápida que quizá todavía les quede tiempo a ellos mismos para ver al reino alauí merendándose al reino borbónico.

    No me cabe duda de que la izquierda europea y española acabará adorando a Trump, por sus servicios impagables. Claro que será una adoración inversa, la adoración del odio, una adoración semejante a la que los precitos profesarán el Diablo. Que diablo parece Donald Trump, con esa testa roja, ígnea, incandescente, aunque está claro que no lo es: el diablo no tiene cuerpo, es espíritu puro. El libro del Apocalipsis nos lo enseña: una cosa es el Dragón, es decir el ángel caído, y otra son sus instrumentos, sus dos bestias, la del mar y la de la tierra, los anticristos, que en realidad no son dos sino dos mil (en cada época de la historia se renuevan). Trump, a no dudarlo, ha resultado ser una de esas bestias apocalípticas.

    Cuando el cardenal Prevost salió elegido papa hace unos meses y se puso el nombre de León, se habló de que era un signo de aprecio a León XIII, el primer promotor de la doctrina social de la Iglesia. Pero no se dijo que ese papa fue también el que más claramente nos alertó del incremento terrible del poder de Satán (por cierto que el papa Francisco también habló incesantemente, en sus doce años de reinado, del poder del Diablo). 

    Y hay que reconocer que esta astucia suya de traernos, justo ahora, a Donald Trump para burlarse y humillar a los políticos decentes como Meloni, para segar en flor toda posibilidad de recristianizar Europa, es un acierto prodigioso.

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30/04/26

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