Opinión


21/09/18

Tomás Amparán

  1. Dignidad

    Este verano, viniendo de la playa un domingo cualquiera, no sabría decirles si fue Julio o Agosto, me encontré una manifestación que nos tuvo retenidos unos minutos metidos dentro del coche. En principio no sabíamos de qué se trataba, veíamos banderas de todas las comunidades autónomas pero no acabábamos de diferenciar por qué se quejaban hasta que llegó uno de los manifestantes para disculparse y decirnos que no tardarían en terminar. Descubrimos que se trataba de un grupo de Policías Nacionales y Guardias Civiles que se manifestaban a favor de la equiparación salarial. No es algo nuevo, ya se lleva hablando de ello desde principios de los 90 cuando era Corcuera ministro de Interior, nada nuevo bajo el sol de estos políticos nuestros que hace tiempo decidieron meter la cabeza dentro de la tierra esperando que los problemas se solucionaran solos.

    Escribo este artículo porque tengo buenos amigos Guardias Civiles y buenos amigos que son Policías y creo que se lo debo. Vivimos en un país sumamente injusto, un país en el que si te lo montas bien y llegas a Madrid con medio Diputado puedes conseguir con lo que te apetezca. Y digo injusto porque en el supuesto estado de las Autonomías, que debían ser solidarias e iguales, nos encontramos con territorios con prebendas y privilegios. Claro que esta España es distinta e injusta, si naces en un territorio con idioma propio tienes más facilidades de ser funcionario que si naces en una comunidad limítrofe, solo tienes que exigir hablar ese idioma para quitar de en medio al 95% por de la población. Y hay ciertos territorios que hace tiempo decidieron tener su propia policía, porque seguramente estimaban que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no eran lo suficientemente buenos o efectivos para cubrir la seguridad de sus ciudadanos en sus territorios. Todos y cada uno de los gobiernos desde Felipe González han promovido, aceptado y callado ante esta situación, era preferible dar a los nacionalistas lo que fuera con tal de poder seguir en el gobierno. Y de aquellos polvos tenemos estos lodos, una Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que están a la vanguardia de las policías del mundo, pero que no pueden actuar en cierta parte del territorio español porque algunas autonomías han decidido que ellos son distintos y que deben tener una policía propia, marcando y persiguiendo a otros compañeros que dan su vida por los demás sin mirar donde se encuentran.

    Aquí nadie se atreve a decirlo, ninguno de esos periodistas que están a la vanguardia en másteres y doctorados, tiene los arrestos de preguntarse si los atentados de Barcelona y Tarragona se pudieron producir, en gran parte, por la inoperancia de los Mossos, por ese afán de creerse los mejores, de pensarse que las demás policías son el enemigo. Ninguno se pregunta si tuvieron alguna responsabilidad en que unos terroristas entraran en su territorio, que es el nuestro, y llevaran a cabo una masacre. Que venga aquí el antiguo jefe de los Mossos d´Escuadra a negarlo, que venga a decirnos que su policía no era un instrumento vergonzante al servicio de un gobierno que vivía en la ilegalidad. Y hablando de policía politizada, quizás esa memoria de pez que tenemos los españoles hace que ya hayamos olvidado como la Ertzaintza estuvo durante muchos años al servicio de unos gobiernos que miraban a otro lado mientras asesinos de ETA mataban indiscriminadamente a ciudadanos, a policías nacionales o a guardias civiles.

    Y estos mismos son los que cobran muchos euros más al mes que un Policía Nacional o que un Guardia Civil, estos son los mismos que cobran del Ministerio del Interior del gobierno de España, porque a todos estos no les pagan ni vascos ni catalanes, más del 90% el dinero sale de las arcas del estado, el mismo que niega el pan y la sal a sus propios Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado desde hace casi 30 años. Y no hablo de hacer desaparecer nada, solo de que convivan juntas, que trabajen y tengan unidad, porque todas actúan con un fin común, la protección de los ciudadanos.

    Pero todo lo dicho anteriormente es tan sólo una opinión. Lo que sí creo de verdad es que es una reivindicación justa y por eso escribo estas líneas, un mismo trabajo exige un mismo sueldo, una misma responsabilidad exige un mismo sueldo, un mismo compromiso requiere de un mismo sueldo, aunque en esto del compromiso tengo claro que a unos les sobra, y a otros se lo imponen. Espero de todo corazón que consigan todo lo que piden porque pocas peticiones son tan justas, espero que en pocos meses podamos felicitarlos porque  su lucha ha llegado a su fin y han logrado un acuerdo absolutamente justo. Pero tengo clara una cosa, que si eso no ocurriera y siguieran cobrando menos que las policías autonómicas, estoy absolutamente seguro que seguirán defendiendo a los ciudadanos como lo han hecho hasta ahora, con trabajo, profesionalidad y compromiso. Todo lo que a ellos les sobra y todo lo que les falta a sus responsables políticos.

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