Opinión


09/07/19

Tomás Amparán

  1. Entre escolleras y espigones

    Paseaba el otro día por la playa de los Peligros y no podía dejar de mirar esa escollera o espigón, elijan ustedes el nombre que más les guste, que surgió el año pasado para que los santanderinos y sus visitantes tuvieran la posibilidad de disfrutar de la playa más querida por los jóvenes de esta ciudad. Pensaba en lo complicado que es ser responsable de una ciudad de estas características ya que nunca vas a contentar a nadie. Pero también pensaba que no puede ser tan difícil tomar decisiones que la mayoría de ciudadanos acepten. De un tiempo a esta parte se están tomando decisiones trascendentales en la fisonomía de la ciudad y lo estamos dejando exclusivamente al criterio del gobernante de turno, y muchos me dirán que eso está en los programas de los partidos y por eso votamos. Bueno, puede ser verdad, pero sigue habiendo decisiones en las que los ciudadanos deberíamos poder opinar. Me parece increíble que a estas aturas del siglo, jactándose esta ciudad de estar a la vanguardia mundial de las Smart Cities, no haya un sistema viable para poder preguntar a los vecinos sobre ciertas cuestiones trascendentes en la fisionomía de la ciudad.

    Les voy a poner tres ejemplos muy recientes, uno pasado, uno presente y uno futuro, proyectos todos ellos que han cambiado o van a cambiar radicalmente la fisionomía de la ciudad. Empezamos con el Centro Botín, un lugar de referencia para el turismo de esta ciudad. Ya se ha hablado mucho del tema, es cierto, pero nos viene muy bien para encuadrar nuestro comentario. Iñigo de la Serna se encontró de bruces con este proyecto, traído directamente de la mano de una de las personas más influyentes e importantes de este país. Yo siempre estuve a favor de hacer el Centro Botín, pero siempre estuve en contra de no haber preguntado a la gente donde lo quería. Hablar del Centro Botín ahora es complicado porque todos lo tenemos como referencia y parece que ha estado ahí toda la vida, pero eso no es verdad. Ese Centro podía haber estado en otra localización y los ciudadanos de esta ciudad deberían haber opinado al respecto. Luego el dirigente y el mecenas tomarán la decisión que estimen oportuna, pero la gente debe hablar y se la debe consultar, y más cuando se han modificado radicalmente dos de los lugares más importantes de la ciudad, la Bahía de Santander y los Jardines de Pereda. Y hablo de este proyecto a sabiendas que hoy el 95% de los santanderinos no concebirían el Centro Botín fuera de ese lugar. Yo les voy a hacer otra pregunta que no tiene respuesta y la dejaré en el aire… ¿Qué pensaríamos si en vez estar en mitad de la bahía, estuvieran un poco más a la derecha, ganado terrenos al Puerto de Santander y potenciando una zona olvidada en el pleno centro de la ciudad? Una buena pregunta que se podría haber hecho a la ciudadanía.

    Vamos con el ejemplo futuro, y este me gusta especialmente, porque todavía no se ha realizado, pero sí está incluido en el programa electoral de la candidata que ahora es Alcaldesa. Me refiero a la cubierta de la Plaza Porticada. Ese proyecto que debería llevare a cabo en esta legislatura propone cubrir totalmente la plaza para, según el equipo de gobierno, poder disfrutar de las actividades sin estar pendiente de la inclemencias del tiempo, y según muchos vecinos que la piden, para quitar todas las carpas que inundan la plaza dante el año. Mi opinión personal es que dudo mucho que esas carpas no se instalen a pesar de la cubierta. Quedan muy bien los pasos de Semana Santa en mitad de la plaza, que es una vía pública sin ningún tipo de control, pero yo no me lo creo, así que se pondrá una carpa. Quedan muy bien muchas exposiciones que vienen que no pueden estar abiertas al público y deben estar cerradas, por lo que seguirá habiendo carpas (y si no se las llevarán a otras plazas, no lo duden). Es verdad que a los que mejor les vendría es a los que montan la pista y hielo en Navidad, que se ahorran una gran carpa. Y ahora me dirán, ¿y los conciertos de la Semana Grande? Pues como se han hecho toda la vida, mojándose si llueve en pleno julio, o llevarlos a un sitio cubierto (el Palacio de Deportes, por ejemplo una estructura creada a ese fin, casi en exclusiva y absolutamente infravalorada), y si no hacer un proyecto para cubrir la plaza de toros, otro edificio absolutamente infrautilizado. Dicho esto, creo que no pasaría nada por preguntar a los vecino que les parece cubrir la Plaza, y no que nos pregunten qué tipo de cubierta queremos, la pregunta es si queremos cubrirla.

    Y vamos al presente y lo que da sentido a este artículo. ¿Qué hacemos con las escolleras de los Peligros? Fíjense si es sencilla la pregunta. ¿Quieren playa o no? El estado no quiere gastarse dinero en el relleno de la playa, cosa absurda porque este relleno de la playa tiene un coste ridículo (por cierto con el coste de las escolleras, podríamos rellenar la playa durante los próximos 25 años, es decir que no es una cuestión de dinero). Entones si no hay relleno y no se actúa nos quedamos sin playa. Les recuerdo que la naturaleza, siempre acaba tomando lo que un día la quitamos. Y si necesitamos unos espigones que van a cambiar la fisonomía de esa parte fundamental de la costa de la ciudad, ¿No se podría hacer de otra manera? Ante un caso así ¿no se podía hacer un concurso de ideas, no se podía presentar a la ciudadanía las distintas posibilidades y que los ciudadanos participásemos en esa decisión que va a durar generaciones? Si vas a hacer esas escolleras porque crees oportuno hacerlas, porque no innovas y haces algo distinto, anda que no habrá ejemplos por el litoral que te pueden dar ideas y así haces algo que quede en el tiempo y sea un símbolo de esa parte de la ciudad.

    Tengo claro que no se trata de megalomanía por parte del dirigente, y muchos menos de la Alcaldesa que rige los designios de la ciudad en estos momentos, pero a veces los gobernantes se olvida que hacen las cosas para los vecinos y que deberían ser ellos, los propios ciudadanos, los que acepten ciertos tipos de proyectos para que puedan decir claramente si están de acuerdo o no. Utilizamos poco la democracia directa y parece que hay miedo a dejar opinar libremente a los vecinos de la ciudad, cuando es algo que los propios griegos ya hacían hace más de 2500 años. En muchos casos llegamos tarde, en otro estamos a tiempo, pero me gustaría vivir en una ciudad donde se puedan decidir ciertas cosas importantes entre todos.

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