Opinión


07/10/17

Claudio Acebo

  1. ¿Eres fascista?

    Viendo, escuchando o leyendo estos días a los medios de comunicación puede ser que te hayas hecho esta pregunta: ¿tú eres fascista? Por qué los que no tenemos pensamiento único, por qué los que no somos nacionalistas nos tildan porque sí de fascistas. El horror del significado de esta palabra da origen a un montón de interpretaciones desde la izquierda más reaccionaria y penosa. Si piensas diferente date por muerto en su sociedad. Las redes sociales son un buen ejemplo de la intolerancia y cobardía anónima que nos invade; los momentos que vivimos se rigen por los parámetros del insulto y del me gusta. Son las señas de identidad para ‘estar al día’, encontrándonos con descalificaciones permanentes si lo expresado no está en el credo independentista y nacionalista. Gozan de privilegios especiales: el insulto a todo lo que se menea y a todo aquel que opine distinto, se convierte para ellos en algarada. Ni conocen, ni quieren leer –mucho menos, estudiar– la historia. Felipe González, Serrat y aquellos demócratas que firman manifiestos contra la sinrazón son unos fascistas de los pies a la cabeza (sic). No se libra nadie: políticos, jueces, periodistas, empresarios y ciudadanos que no piensen como ellos. Es mucho más cómodo sortear la justicia y las leyes. Este es el caldo de cultivo que están imponiendo esos irresponsables políticos que les da igual todo, como estamos desgraciadamente viviendo desde hace años. No se te ocurra defender la legalidad vigente porque eres un esbirro españolista; un fascista de mierda. Esta es la deriva que toman los alimentados por el odio, la ignorancia y la falta de valores. La brecha social que es palpable en Cataluña –es de lo que  hablo­– es la conclusión a la pérdida de valores de todo tipo. Si la invitación permanente es a no respetar la ley, arengando a la sedición, ¿qué esperamos?, nada. Pero tenemos que acostumbrarnos y llorar nuestras penas porque Europa se pone de alta costura por los ‘incalificables sucesos’ de nuestras fuerzas de seguridad. Anda que ellos se andan con chiquitas: ‘el suicidio’ de los Baarder-Meinhof en el avión, o como acabó el Ejército Británico en Gibraltar con los tres terroristas del IRA… En España siempre hemos tenido ‘miedo de actuación’ con el orden establecido. Si no, no se entiende cuando algunos ponen el grito en el cielo porque nuestra policía cumpla la ley; es decir, precintar los colegios electorales. Sé que da igual lo que se diga y que seré tildado también de fascista. Es la moda. La sociedad se rompe, y eso es lo peor. La confrontación va a más, recuerden que en este país, las heridas tardan más de medio siglo en restañar. Cuánto odio señor

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