Opinión


06/01/18

Claudio Acebo

  1. Sueños e ilusiones

    Apuro estos momentos para escribir un año más, la carta a los RR.MM. Son más de sesenta soñando con esta noche, y les aseguro que la ilusión la mantengo intacta desde que en casa me acostumbraron a dejar cerca del Nacimiento los zapatos –por supuesto, limpios- para que SS.MM. dejaran cerca mis sueños e ilusiones. Bastaba con ser bueno –requisito indispensable- para que alguno de los pedidos en una carta escueta se hicieran realidad. Nunca hubo manifestación más grande que la Cabalgata, nunca. Y ojo que por Santander han pasado todos: el dictador, los Reyes, las proclamas del 1 de mayo y poco más. Porque los cántabros o santanderinos no somos muy de echarnos a la calle en busca de nuestras reivindicaciones o abusos. Últimamente lo del minuto de silencio en horario laboral a eso de las doce parece un punto de encuentro obligatorio. Es una nueva fórmula de pasar lista, mientras algún ciudadano susurra: “a ver cuándo esa solidaridad se acentúa fuera de su  horario de trabajo”, sería más sentido, dicen. Bueno, no la liemos que íbamos bien.

    Esa carta está cargada de ilusión cuando la escriben los más pequeños. La inocencia, propia de la edad, la convierte en mágica. Rara es la casa que a comienzos del siglo XXI no tiene su regalo gracias al trabajo y a la reciprocidad de los mayores. Otra cantar son las correspondencias que echan los mayores, bien mediante mensajes navideños o por medio de trolas anuales. Eso no vale, no cuenta, es el equivalente al comportamiento engañoso. Buena parte de esos mensajes están cargados de frases huecas, algunas con cierta opacidad. Literatura simplona aprovechando el Feliz Navidad reiterativo hasta la saciedad en este periodo. Una quincena convertida en coleguismo total, olvidando los 364 días restantes. Los mensajes no pueden estar llenos de sueños e ilusiones cuando se ha pasado un año como el que se ha pasado. Queremos ver en el día a día lo que son capaces de hacer, qué leyes han prometido desde hace años sin elaborar, qué solución dan a esos problemas; cuáles son sus prioridades… pero no. Su carta es; vamos a hacer, vamos a hacer y… hasta el año siguiente. Se mueven en el ‘buenismo’ del momento porque conocen muy bien que el ruido mediático dura cuatro días. Así permanecen años y años mientras nuestros niños ya mayores se marchan fuera de España –por poner un ejemplo- probando suerte con Santa Claus. No me extraña que los reyes les sigan trayendo carbón, no merecen otra cosa estos mentirosos parlanchines.

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