Opinión


29/03/19

Javier Domenech

  1. Junqueras, un soñador para un pueblo

    Es el acusado que se enfrenta al Tribunal con mayor dignidad. Desde un principio ha  esgrimido como defensa la creencia de en sus ideas. Y actúa en consecuencia. Pudo huir  pero se mantuvo en su puesto. Pudo negar los hechos acontecidos  y no lo hizo. Pudo insultar al Tribunal Constitucional  y no lo hizo. Pudo llamar a las masas en su ayuda, y no lo hizo. Pudo acudir a la comunidad internacional y no lo hizo. Pudo protestar por el menú carcelario y tampoco  lo hizo. Incluso frente al tribunal que le juzga, sigue respetando a quienes no comparten su ideología separatista, aunque sea con un vehemente “amo a España”, porque cree en ello. Muchos  piensan que es simplemente una postura defensiva, pero no esgrime la ignorancia de lo sucedido. Y mantiene una actitud, incluso digna, despreciando a  Torra, presidente inactivo de la comunidad catalana, que ha abandonado su deber de gobernar, para pasar el tiempo con continuas visitas a Waterloo y al Tribunal Supremo, siempre bordeando la ley, pero cuidándose  de no traspasar ninguna línea roja.

    Junqueras tiene tras sí prestigio profesional y un amplio recorrido político, que le ha llevado desde una simple concejalía a alcalde, al parlamento nacional,  el autonómico y al europeo sin haber sido considerado un vividor de la política. Usa argumentos y respeta al contrincante. Nunca se le ha escuchado utilizar el insulto como argumento y se ganó el respeto de quienes no comparten su ideología.

    Podría haber sido un magnífico presidente de la Generalitat. Su digna actitud contrasta frente a Puigdemont, el  arribista que llegó a ese cargo, para huir cuando los vientos se volvieron en contra, pero Sócrates ya dijo al acatar su sentencia, que los buenos gobernantes,  deben acatar las leyes, incluso las que consideren injustas  para dar ejemplo de la necesidad moral de respetar las buenas.

    Es una lástima que haya acabado sentado en el banquillo de los acusados, acompañado por otros de más gris o tendenciosa trayectoria. En  otra época y  en otros países, por un delito similar se le condenaría  a muerte. Seguro que  sería el único de los acusados que haría frente al pelotón de fusilamiento con dignidad.

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